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Lunes, 11 Octubre 2010 00:00

De Miedos, Fobias y Derechas

Escrito por FABIAN VIDOLETTI (*)
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hamasEuropa vivió una semana plagada de alertas de atentados terroristas. Del silencio absoluto Al Qaeda pareció resurgir para atormentar al Viejo Continente con inminentes ataques. Sin embargo, es imperativo plantearse interrogantes serios respecto del tema de la manipulación del miedo.

 

Europa vivió una semana plagada de alertas de atentados terroristas. Del silencio absoluto Al Qaeda pareció resurgir para atormentar al Viejo Continente con inminentes ataques. Sin embargo, es imperativo plantearse interrogantes serios respecto del tema, de la manipulación del miedo y de viejos/nuevos prejuicios en aras de la prosecusión de objetivos políticos.

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hamasVolvieron los deja vú. La sensación de que a esta película la vi en alguna parte. Lo tengo ahí, en la punta de la lengua. Sin embargo, me parece que esta vez no es exactamente igual. Es peor.

Me vienen a la memoria aquellos días del terrorómetro de George W. Bush. De que justo cuando hacía falta tapar alguna noticia desagradable tal como el falseamiento de las pruebas que sirvieron para justificar la invasión a Irak, de las "investigaciones" discrecionales a ciudadanos amparándose en la Patriot Act, o los negociados de las empresas vinculadas a altos cargos del gobierno, aparecía una alerta "amarilla", "naranja", "roja pálida" o "roja pasión" alertando de la inminencia de un atentado terrorista que al final, por arte de magia o eficiencia suprema de los servicios de inteligencia y seguridad, jamás se producían.

Si, si... de esos mismos servicios de inteligencia y seguridad que apenas un par de años antes habían fracasado estrepitosamente en evitar los ataques del 11 de Septiembre.

Y ahora, a dos años de la partida de Bush de la Casa Blanca, a dos años del estallido de la peor crisis financiera internacional de la historia, volvió el terrorómetro. La diferencia es que se mudó a la otra orilla del Atlántico. A lo largo de toda la semana pasada, Francia picó en punta y lo siguieron Inglaterra y las instituciones de la Unión Europea al advertir de un riesgo real e inminente de un ataque terrorista en el Viejo Continente.

No quiero con esto banalizar la peligrosidad del terrorismo internacional, pero creo que hay que mirar las noticias con cierta perspectiva.

"Estamos frente a la voluntad del núcleo central de Al Qaeda de realizar un ataque fuerte", alertó el coordinador de la lucha contra el terrorismo de la UE, Gilles de Kerchove. "La red está bajo la presión de la coalición en Afganistán y, por lo tanto, busca una especie de beneficio de imagen, intentando realizar una acción de gran amplitud. Las amenazas de terrorismo en la UE son reales. Los responsables políticos no atemorizarían a sus nacionales si no tuvieran ningún indicio", agregó Kerchove a la cadena oficial de televisión de la Unión Europea.

Desde luego que no. Por qué alguien querría atemorizar a la población sin fundamento...?

Todo esto se produjo en un contexto en el que Francia realizó varias evacuaciones de la Torre Eiffel y una estación de subte en París durante el último mes. En consonancia con este clima, el Palacio del Elíseo informó que los llamados por posibles amenazas de bomba se duplicaron en los últimos 30 días. A través de una carta publicada en Internet, las autoridades francesas recomendaron a sus compatriotas que visiten el Reino Unido que extremen las precauciones. Los funcionarios sugirieron prestar especial atención en los medios de transporte público y en los sitios turísticos. Lo mismo que había aconsejado la Casa Blanca a sus ciudadanos.

Como lo informan las agencias de noticias europeas, el temor a un atentado en Europa creció durante el último mes después de que Francia afirmara que enfrentaba la mayor amenaza islámica en años. Después de esa confesión oficial, la prensa continental y estadounidense informó que existía un complot, organizado en Pakistán, para atentar contra lugares concurridos del viejo continente. La tensión aumentó cuando desde el gobierno se anunció que había información acerca de una persona que estaba dispuesta a detonarse en el metro de París.

Por su parte, Londres asumió que el nivel de amenaza es muy elevado en el país y que hay altas posibilidades de sufrir un ataque terrorista. La Cancillería británica había recomendado a sus compatriotas que extremaran las precauciones en sus viajes a Francia y Alemania ante una fuerte amenaza terrorista.

Huelga aclarar que nadie, en ningún momento, exibió la más mínima prueba o evidencia que diese sustento a la exponencial proliferación de amenazas de ataque. En otras palabras, es nuevamente la utilización del miedo como herramienta política y de control social. Más vale quédese en su casa. No salga. Evite riesgos. No frecuente multitudes. Nunca se sabe dónde va a aparecer un fanático dispuesto a volarse él y a usted en pedazos con una bomba. No sé por qué me lo imagino a George W. Bush mirando por televisión las noticias mientras se le escapa una silenciosa sonrisa de satisfacción.

En medio de esta especie de paranoia colectiva que parece haberse apoderado de Europa hay una pequeña gran excepción. Un país no menor que hasta ahora no hemos mencionado y cuyo gobierno decidió no plegarse a la histeria generalizada. Y es, además, el país que alberga a una de las comunidades musulmanas más importantes del continente. ¿Todavía no se dio cuenta? Piénselo un poquito más.

Ahora bien, miremos el cuadro desde una perspectiva un poco más amplia y nos vamos a dar cuenta que esta histeria masiva viene de perlas en un contexto en el que la crisis financiera está pegando más duro que nunca, donde las recetas del Fondo Monetario –asombrosamente– no están dando el resultado esperado, al punto que el propio organismo tuvo que reconocerlo públicamente. Las tasas de desempleo se disparan sin control. Los déficits públicos no ceden. El costo social de la crisis también va en espiral ascendente y las manifestaciones de protesta se multiplican día tras día en Grecia, Francia, España, Portugal y otros países. Una de las más impensadas de estas protestas se produjo en pleno Marsella, el corazón del glamour y la opulencia europea. ¿Usted estaba enterado del dato? Yo lo hice por mera casualidad.

Entonces aparece en escena el elemento que nos animaba al comienzo a decir que este momento se parecía mucho al de hace unos años pero en realidad era peor: la reaparición de una reanimada y envalentonada extrema derecha continental como casi nunca se la vio desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Es cierto, usted me puede recordar a los skinheads alemanes, a la Liga del Norte Italiana, al político francés Jean Marie Le Pen o al desaparecido primer ministro de Austria Jorg Haider y no se equivoca. La diferencia es que aquellos eran fenómenos focalizados y con escasa proyección y fuerza política más allá de sus áreas de influencia directa.

Ahora el panorama es distinto. La extrema derecha europea está aunando voluntades en muchos países. En momentos de crisis agudas casi siempre es más fácil buscar un culpable sobre quién descargar frustraciones y jugar de chivos expiatorios. Nicolás Sarkozy encontró el suyo bien rápido: los gitanos de origen rumano y búlgaro y los inmigrantes indocumentados musulmanes del norte de África. Y lo que Sarkozy disparó fue continuado en otros países: Italia, Holanda, Dinamarca, Suecia, Suiza, Inglaterra, España. Esta creciente islamofobia que vive Europa es, por decirlo simplemente, una manipulación que está siendo alentada desde la extrema derecha, en defensa de ciertos valores europeos poco explicitados.

¿Se acuerda de la pregunta sobre el país cuyo gobierno no se plegó a la histeria terrorista? Si contestó Alemania acertó. Efectivamente, Berlín fue la excepción a la regla a pesar de estar liderada por una coalición de centroderecha con Angela Merkel a la cabeza. Pero el caso alemán es también una muestra de la dualidad que vive Europa. A pesar de que su gobierno intenta desalentar la discriminación contra los musulmanes, el miedo y el recelo entre su población va creciendo. El 3 de octubre se celebró un nuevo aniversario de la reunificación del país. Esa oportunidad fue utilizada por el presidente Christian Wulff para remarcar que la fecha no atañe únicamente al Este y al Oeste sino a todos los que viven en Alemania, vengan de donde vengan y sean de la religión que fueren. "Sin duda alguna el cristianismo pertenece a Alemania, el judaísmo pertenece a Alemania; es nuestra historia judeo-cristiana. Pero, estimados señores y señoras, el Islam entretanto también pertenece a Alemania".

Pero pocas horas después del discurso del presidente germano, llegó a Berlín Geert Wilders, el líder de la extrema derecha holandesa, para advertir a sus seguidores: "La identidad nacional de Alemania, su democracia y su prosperidad económica están amenazadas por la ideología política del Islam". No sólo los asistentes aplaudieron a Wilders: según una encuesta reciente, un 65% de los alemanes opina que la inmigración musulmana en Alemania "representa un costo social y financiero mayor que el beneficio económico que trae". La aceptación de esta tesis fue mayor en los Estados federados de la antigua República Democrática Alemana, un 70%. No puedo dejar de pensar que personas como Geert Wilders sí pueden gozar y ejercer el derecho a la libre circulación y residencia que garantiza la Unión Europea. No pareciera representar con su prédica una amenaza a la paz y a la seguridad del continente. Trescientos gitanos desahuciados que viven en campamentos en territorio francés -y que además son ciudadanos m¡embros de la Unión- no tienen derecho a ejercer esos derechos. Ellos sí son una amenaza.

Según Werner Schiffauer, etnólogo de la Universidad Europea en Fráncfort del Oder, se va imponiendo en la sociedad la idea neoliberal de que cada quien es "artífice de su destino" y que, con ello, cada quien es responsable de sus propios problemas. Esta conceptualización lleva implícita un importante contenido de racismo, "en la medida en que se forman grupos que son comparados y valorados de acuerdo a su rendimiento". Esta manera de pensar se encuentra no sólo entre los políticos liberales sino también entre los socialdemócratas y los democristianos. Por ejemplo, se explica el mayor desempleo entre los musulmanes con una falta de voluntad para trabajar, pese a que está comprobado hace tiempo que a personas con un apellido turco o árabe se les concede más difícilmente una plaza laboral vacante. Portación de cara, que le dicen.

Por esto y por mucho más que excede largamente la extensión de estas líneas es que me da la sensación de que mi deja vú es real pero peor. Y en parte, irónicamente, esto me produce cierto temor. Es un temor representado por hechos de carga simbólica tanfuerte que ni siquiera me animo a pronunciarlo en voz alta. Es el temor de que la historia se vuelva a repetir. Las señales están ahí. Crisis económica, temor colectivo sobre un futuro incierto, búsqueda de chivos expiatorios a males propios, racismo, discriminación. Hace setenta años el mundo recorrió ese camino y terminó en la peor tragedia de la historia. No es mi intención alentar o ver fantasmas. Pero creo que a los temores hay que afrontarlos y no buscar salidas facilistas o esconder la cabeza en un agujero. En muchos aspectos somos un mundo más maduro que el de hace setenta años. Va siendo hora de demostrarlo.

 

(*) Licenciado en Relaciones Internacionales. Analista Internacional de la Fundación para la Integración Federal

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