Lunes, 21 Septiembre 2026 10:48

Mover la hojarasca Destacado

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El presidente Javier Milei se encierra diez días en Olivos. Reaparece con una agenda normal y algunos editores mediáticos, en una ayuda un poco forzada, salen a titular sobre un ritmo frenético. Se conoce el caso de una compra indecible de toneladas de carne para uso personal y en paralelo son echados doce trabajadores de la residencia oficial porque resultan sospechados por filtrar cuestiones privadas a la prensa. Los casos ganan minutos de aire radial y televisivo a la par que saturan redes sociales con teorías increíblemente conspirativas, mientras los portales de noticias se suben a las novedades de ocasión. La tentación es grande para terminar discutiendo el cotillón de cierta política abordando lo superficial antes que lo profundo. Movamos la hojarasca.

El gobierno libertario atraviesa su enésima disputa interna (y que no será la última) a partir de una quejosa Patricia Bullrich a quien, aparentemente, no le habrían avisado de las “novedades” que en materia de ajuste social trae el presupuesto 2027, el cual fue presentado a última hora del martes 15 de setiembre. La senadora porteña no se satisfizo con marcar públicamente las diferencias ante medios y comunicadores amigos, sino que, como buena predadora del poder, olió sangre y fue por más: subió un video donde se la ve compartiendo alguna canción de Lali Espósito. Es tan evidente la debilidad presidencial ante la figura de la camaleónica legisladora, que a Milei no le quedó más remedio que reconocer públicamente que había escuchado un par de temas y que le habían gustado. Punto para la cantante.

Una certeza parece recorrer el escenario político: lo de Bullrich deviene en una ajustada (y adelantada) dosis de traición a los fines de convertir el deterioro de la imagen del primer mandatario en una oportunidad para su viejo anhelo presidencial. La pregunta que deviene en crónica es saber si “le dará la nafta” para su auto convite, teniendo en cuenta su por entonces conversión de fe violeta y que los electorados suelen elegir los modelos originales antes que las copias forjadas a la luz de ciertos oportunismos que, hay que reconocerlo, la ex ministra de Seguridad ha sabido usufructuar muy bien a lo largo de su carrera. 

La mesa política libertaria, surgida con la básica idea de coordinar cierto accionar parece encontrar sus propios límites cuando debe pasar a la acción, ya que sigue sin garantizar algún tipo de éxito medianamente importante en las estrategias que intenta llevar adelante: la reforma de las PASO parece estar lejos de concretarse mientras los tiempos se acortan, los acuerdos con gobernadores se desarrollan en una especie de vaivén ciclotímico y las desavenencias públicas libertarias nos obligan a dudar si es que, efectivamente, el oficialismo desea que el presupuesto sea aprobado. 

Pero si insistimos con la idea de poner el foco sobre lo profundo, en la semana sucedieron dos hechos que, de alguna manera, sintetizan en paralelo, los intereses y el desdén libertario por cierta coyuntura. 

El primero de esos hechos refiere a que, finalmente, se conoció el proyecto legislativo oficialista sobre la cuestión Malvinas. Más allá de un renovado esquema de sanciones para personas jurídicas y humanas que intervengan en la zona de las islas sin contar con la anuencia argentina, el neo espíritu malvinero pareció quedar relegado a un muy segundo plano cuando se supo que su aprobación, tal como llegó al parlamento, supone la creación de un entramado normativo que tiene en su base mucho de posible persecución política ante la sola sospecha de que cualquier individuo u organización pueda ser calificado como terrorista por la propia SIDE. Una verdadera tranquilidad para el alma. 

La agenda Malvinas, a la par que gana algo de visibilidad política a partir de los pasos que puedan darse en materia legislativa, parece ir en un sentido contrario en el interés público ya que ciertas urgencias mundanas y cotidianas, no siempre van de la mano con demandas institucionales históricas que enfrentan a un colonialismo que parece no acabarse. 

En la argentinidad al palo que habitamos, las islas forman parte de un gen que alcanza una dimensión cultural, y los sobre giros de 180° de un grupo de advenedizos que hasta ayer nomás vociferaban su desinterés por la causa, poco importan como novedad, la cual no dura más que un par de semanas, más allá de la genialidad que vean en la jugada algunos analistas porque “descubrieron” que nunca un presidente había hablado en los términos que lo hizo Milei en la cadena nacional. Algo dicho como al pasar: unos cuantos nombres propios con muchos seguidores en redes padecen el mal de no pocos jóvenes que habitan X: creen que el mundo nació con ellos.

El segundo de los hechos estructurales de la semana alcanza a la cuestión del desempleo. El día jueves se conoció el número de desempleo a nivel nacional, el cual creció levemente respecto del mismo período del año anterior en un 0,3%. Hay dos datos que no dejan de llamar la atención: el aumento de la informalidad en proporciones importantes y la “renovada” novedad de tener al Gran Rosario en el ranking de ser el aglomerado con mayor índice de desempleo del país con un 11,5%. 

Haciendo la salvedad de que este analista siempre prefiere trabajar con la película que supone la década de los 90’ y no con la foto que representa la crisis del 2001, digamos que, a diferencia de lo que sucedía tres décadas atrás, la informalidad de esta coyuntura se sostiene a base de aplicaciones que tienen mucho de desarrollo individual, de auto superación y donde lo colectivo definitivamente no existe. Una de las razones a descular deviene en confirmar por qué no se produce una explosión social ante tanto desdén por lo que nos resulta común. Una hipótesis muy básica: habitamos pequeñas implosiones cotidianas que se estructuran desde certezas individuales ante la paradoja lacerante de estar más conectados, pero a la vez más aislados.

Las consecuencias del modelo libertario en estos arrabales del planeta, están a la vista. El tiempo, más allá de la profusa injerencia gubernamental en los medios locales, de la pléyade de trolls de Unidos que habitan el mundo comunicacional de redes (revisar las cuentas que suelen responder favorablemente a los comentarios oficialistas en X o prestar atención a la tonalidad de algunos reels de IG) y del fulgor que traen consigo los Juegos Suramericanos 2026, le han dado la razón a quienes advertían que las bondades de ciertas libertades no alcanzarían a todos por igual.

Hay un detalle que no puede dejarse pasar: mientras se confirma que la región vuelve a ser referencia por los índices de desempleo, la legislatura santafesina acaba de aprobar el proyecto que prohíbe la existencia de los cuidacoches en la vía pública del territorio santafesino. Más allá de algunos conflictos que derivaban en excesos y violencia que lógicamente debería haberse abordado de otra manera, hay en todo ello una especie de estrategia que sirve para esconder la pobreza, situación que, hay que reconocerlo, demanda parte de la sociedad y que tuvo un interesante ejemplo coincidente allá por el mundial 78’, cuando a la vera de la autopista a Buenos Aires se decidió tapar con un paredón de varios cientos de metros, la existencia del barrio Las Flores. Si no lo veo, no existe.

Mientras los funcionarios locales se pavonean con el éxito de los Juegos Suramericanos, en algunos casos con celebraciones impostadas que se parecen a festejos de estudiantinas de otros tiempos, mientras el gobernador Maximiliano Pullaro muestra a su lado a un funcionario de tercera línea del área de seguridad en la construcción de sentido que supone la propalación del evento deportivo, deviene la pregunta si el fenomenal hecho colectivo de tener a unas cuantas decenas de miles de personas disfrutando de un evento único, alcanzará para garantizar reelecciones. 

Por lo pronto, y en línea con lo anterior, el hughense hizo saber públicamente su apoyo a la suspensión de las PASO a nivel nacional, estrategia que en el libertarismo suponen definitoria para aumentar sus chances electorales en 2027, ante un peronismo que correría, según sus análisis previos, el riego de una atomización. 

Lo interesante del asunto es que parece que los argumentos que justifican la decisión (costo de las elecciones, desinterés de la sociedad, etc.) no aplicarían en nuestra provincia, donde se ha reformado el sistema electoral privilegiando elecciones internas con hasta tres candidatos a vice para cada gobernador que se postule. Se nota que los aires allende el Arroyo del Medio son paradojal y contradictoriamente muy distintos. Cosas que suceden y que sustentan la idea de un futuro acuerdo electoral entre el amarillo de PRO, el violeta libertario y el magenta de Unidos. 

Separar la paja del trigo. No perder la sensibilidad ante los y las que sufren en tiempos oscuros y miserables. No dejar de tener en cuenta lo superficial, pero saber que lo central a la hora de los hechos políticos transformadores está en lo profundo de las cosas. Saber mover la hojarasca. Como tarea militante. Ese es el convite. 

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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