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Domingo, 15 Febrero 2026 12:38

La vida color violeta (o un relato ficcional) Destacado

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Hambre de perro fiero,
oliendo tu dulzura.
Y cuando está caliente,
muerde la yugular.
Mata porque quiere morir,
pero no sabe cómo.
No quiere ser feliz,
ni quiere descansar.
“Perro amor explota” - Bersuit Vergarabat

A un año exacto del caso $Libra, las victorias legislativas libertarias en la semana que se va, para no pocos actores y analistas de la realidad argenta, dejan la sensación de que la potencia del oficialismo es irreductible. Apoyados en la contundencia de los votos a favor (42 en un caso y 149 en otro), algunos ya se animan a imaginar un 2027 donde la reelección de Javier Milei sería algo así como un hecho inexorable. Parecen omitir, en el repaso, que para el inicio del proceso electoral apuntado falta nada más y nada menos que dieciocho meses, que en el país los escenarios políticos no resultan inmutables y que las condiciones de vida de los argentinos, más allá del clima de época que saluda cierta agenda histórica de la derecha, no andan en los mejores niveles que, precisamente, se puedan reconocer. De alguna extraña manera, los de acá y los de allá parecieran converger en la idea de la persistencia de una vida color violeta (perdón señora Piaff). Nosotros preferimos trabajar sobre la idea de que en los días que corren, existe, también, una especie de relato ficcional que se consolida con no pocas complicidades. Pasen y vean. Quedan todos y todas formalmente invitados.

El dato de inflación conocido el día lunes (2,9%) marca, por múltiples razones, que, más allá de las agendas mediáticas y de lo que cierta dirigencia parece dispuesta a olvidar, una de las primeras promesas electorales del libertarismo no se estaría cumpliendo. El affaire Indec (que ya tiene su correlato judicial en la denuncia de un grupo de legisladores del peronismo contra Luis Caputto), no pudo ocultar lo evidente: no existe el proceso de desaceleración prometida (desde hace ocho meses la inflación cada vez es mayor), nos alejamos sostenidamente del 0. Como dato extra todo viene acompañado de un enfriamiento de las actividades comerciales e industriales que son, a la sazón, los sectores que demandan mayor mano de obra intensiva. 

En el caso de la media sanción de los dos proyectos de ley comentados, en los argumentos de oficialistas y aliados pareció surgir una especie de odio antiguo, donde trabajadores y púberes que delinquen serían parte del problema de raíz que debe corregirse en la Argentina. En el caso de la reforma laboral no faltó la represión policial, la aparición en escena de personas muy bien predispuestas para romper la movilización vía bombas Molotov que no sabían accionar y protegidos de un pequeño y seguro escudo de cartón al que la pericia y sagacidad de quienes conducían el carro hidrante no acertaba.

Esos modos son parte de una historia vieja, donde estos  son mostrados una y otra vez en su acción violenta por los medios de comunicación y a los que el sistema de justicia (fuerzas de seguridad incluidas) nunca alcanza siquiera a ponerle nombres propios. 

La reforma aprobada en el Senado, presentó la novedosa situación de legisladores de formación periodistas votando en contra del estatuto del periodista, instrumento que ha servido, durante décadas, para la protección de ciertas formas de libertad de expresión. 

Pero el mayor dislate normativo parece haberse impuesto con un articulado del que nadie se hace cargo, donde los trabajadores que falten producto de una enfermedad no producida en el trabajo, cobraran el 75% o el 50% de su sueldo, según el caso. La “novedad” parece no tener responsable creativo y cuando se pregunta en el mundillo oficialista sobre el asunto surge invariablemente aquel viejo adagio “¿Yo señor? No señor”. 

Los cuestionamientos al articulado parecen ir in crescendo al punto que en uno de los canales de noticias con vocería libertaria, empezaron a tomar nota del despropósito y, lo que es peor, que personajes políticos como la ex vicegobernadora de Santa Fe Gisela Scaglia, salió a afirmar que el proyecto con media sanción debe ser modificado. Lástima que en la previa olvidó coordinar el asunto con sus pares Santafesinos de Unidos que fungen de senadores y que, muy bien predispuestos, le dieron un sí contundente al proyecto.

El dislate supone evitar tener una vida por fuera del mundo del trabajo, recuerda a aquella reunión de comisión donde el actual secretario de Trabajo Julio Cordero se preguntó para que querían laborar menos los trabajadores y en buena parte justifica el apuro gubernamental para que el proyecto se transforme en ley en escasos diez días. No sea cosa que el carruaje se transforme en calabaza.

El run run se ha hecho tan evidente que desde la misma mañana del carnavalesco fin de semana, los voceros oficialistas hicieron correr la versión que ya se preparan jurídicamente para bloquear la andanada de pedidos de inconstitucionalidad que recaerán sobre el nuevo esperpento jurídico.

Con todo, desde cierto progresismo no faltó el reparto de culpas por una acción cegetista que no habría estado a la altura de las circunstancias. Al respecto caben señalar dos cuestiones: 

Heterogeneidad vs. Atomización. Desde su conformación embrionaria la CGT ha convivido con los cuestionamientos a cierto accionar al que se lo acusa de ser muy funcional a intereses muy particulares, de las patronales y de los dirigentes. La historia es muy rica al respecto y sólo podríamos recordar al liderazgo de Saúl Ubaldini con la fortaleza suficiente como para encolumnar a todo el movimiento obrero tras de sí. Lejos de cualquier justificación de este analista al accionar de dirigentes de dudosas convicciones, sí vale plantear los límites que enfrentan a partir del adormecimiento de buena parte de la sociedad que parece tener otras urgencias y que resulta harto evidente cierto rehuye cuando se trata de poner el cuerpo ante ciertas demandas. 

“Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”. El viejo axioma de acción política no parece encontrar anclaje promediando esta tercera década del siglo XXI. ¿Alguien tiene la certeza analítica de garantizar que, luego de una victoria electoral libertaria como la de octubre, una acción más decidida (supongamos un paro nacional de 24 horas), tendría una adhesión de relevancia o se transformaría en una instancia aún más deslegitimante de las estrategias sindicalistas? Más allá de que el paro aparece un horizonte no muy lejano, la pregunta no surge como parte de un razonamiento que evite la acción en las calles (bueno es el ejemplo de la contundente marcha realizada en Rosario), sino como una duda en tiempos donde pareciera que no pocos sectores de la sociedad adscriben a ciertas formas de representación dado que el emprendedurismo individualista aparece como constitutivo.

Javier Milei y sus adláteres viene fracasando de manera muy efectiva en esto de bajar la inflación. Pese al éxito de los últimos días ¿le ha cumplido hasta acá a sus votantes? Si tomamos la base del programa electoral todo parece indicar que la única promesa efectivizada es la de la aplicación de la motosierra, aunque no se haya cumplido con aquello de ir contra la casta (que estaría vivita y coleando), sí moldeó cierta construcción de sentido en ir contra todo aquello que refiera al sector público como parte del problema argentino, incluidos quienes recibían determinada tipo de ayuda de parte del Estado, llámense jubilados o discapacitados. 

Más allá de eso que no pocos de sus partidarios podrían reivindicar, el Banco Central de la República Argentina sigue abierto, la dolarización aparece cada vez más lejana, los vouchers en educación son una especie de subsidio más que no transformó la realidad de nadie y la precarización laboral avanza mucho más que la libertad.

La reforma penal juvenil supone una salida facilista a un problema de mucha mayor gravedad que refiere a cómo responder a ciertas problemáticas y que, de alguna extraña manera ha sido vendida como un elemento más que aportará para mejorar las estadísticas de seguridad. A partir de la justificación de que el mundo narco ha utilizado soldaditos menores de 16 años para desarrollar sus delitos, no sería extraño que aparezcan púberes menores de 14 para exponer el mismo accionar.

Dos latiguillos de dudoso valor pululan por la sociedad argentina: “el que las hace las paga” y “delito de mayor, pena de mayor”. Como ejemplos digamos que para el primero, el aniversario del caso $Libra y el no involucramiento judicial de Karina Milei en la causa del 3% de Andis no se estaría cumpliendo y para el segundo, el país rompe con una serie de acuerdos internacionales que ponen un manto de duda por su efectividad en el futuro. Al respecto bien valdría preguntarle al gobernador santafesino cómo imagina él que habría seguido su vida a partir del luctuoso hecho que protagonizó cuando tenía quince años y del que nunca dio una explicación pública al respecto. Pregunta que nunca sucederá.

Pero si hablamos de Maximiliano Pullaro y de todo el ecosistema político – comunicacional que le es afín por cuestiones ideológicas y de las otras, debe decirse que más allá de los relatos ficcionales, con el conflicto policial sufrió una derrota política en toda la línea: el hecho se nacionalizó, demostró la precarización laboral de los uniformados (sobre todo los más jóvenes), reflejó la falta de cintura de parte del ministro Pablo Cococcioni y pese a la queja de no contar con interlocutores legitimados del otro lado, terminó otorgando un aumento importante, a las apuradas y tratando de pasar rápido la pantalla eyectando del cargo un jefe de policía que duró tres meses en el cargo. 

El riesgo se potencia por el peso específico del calendario: más allá de las fotos de rigor, las discusiones paritarias en el sector estatal de la provincia ya comenzaron (luego le sigue la de los municipales) y habrá que ver, si no se actúa en modo idéntico que con los hombres y mujeres que visten de azul, cómo se justifican hacia adentro y hacia afuera ciertas diferencias en la realidad salarial. Las bases de docentes, de los estatales de la administración central y de las empresas públicas no están con el mejor humor: ¿Hay margen para un conflicto de proporciones? Habrá que esperar. 

Como aporte extra aparecieron el intendente Pablo Javkin afirmando que el “gobernador había manejado muy bien el conflicto policial” (no es un chiste) y la presidenta del Concejo Municipal de Rosario María Eugenia Schmuk (quien ya empezó la campaña para su candidatura a intendenta en 2027) para reivindicar las flamantes medias sanciones de la semana. Por lo que se ve, se los nota bastante cómodos a la derecha del espectro político ideológico. Cosas que suceden.

Pese a sus internas, la fortaleza libertaria resulta evidente, al igual que los problemas que enfrentan sus opositores. Desde ese lugar, se nos intenta contar sobre las bondades de una reforma laboral que, en nombre de un futuro promisorio, quita derecho a los trabajadores y sobre una reforma penal juvenil que sería como una especie de garantía de Justicia. Todo en formato de la vida color violeta, como un relato que es ficción en sí mismo y que no tiene en cuenta que el hambre de perro fiero, ese que muerde la yugular, no sabe de edades…

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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