Imprimir esta página
Domingo, 28 Junio 2026 13:04

El ejemplo Destacado

Valora este artículo
(2 votos)

En la mañana de un domingo que se promete como frío, entre pelotas, goles y récords “messiánicos”, uno sabe que, si aborda el caso Adorni, debe resistirse al lugar común de titular con el “Triste, solitario y final” que supo regalarnos el gran Osvaldo Soriano. 

La renuncia del jefe de gabinete, comunicada a horas de un partido de fútbol de la selección argentina en el mundial de triple sede, marca de manera ejemplificadora las necesidades de un gobierno que, desde que una hipotéticamente inocente foto en Nueva York mostrara la presencia de Bettina Angeletti en el marco de una gira presidencial, hizo todo mal. Desde la inicial negación de los hechos, al reconocimiento presidencial de la última semana donde afirmó que, si la Justicia demostraba que el bueno de Manuel había delinquido, él mismo lo echaría de una patada, se sucedieron una retahíla de situaciones que suenan (también) a ejemplo de lo que no se debe hacer, y junto con ello al estado de las cosas del sistema social argentino.

Manuel Adorni es uno más de tantos. Llegado al poder imaginó que estaba frente a la oportunidad de su vida para enriquecerse y llevar a vivir la vida que siempre había deseado. Acomodó en cargos a familiares y amigos, usufructuó ciertas cercanías para obtener los beneficios de un uso espurio de los resortes del Estado y, como todo libertario roto que se precie, supo cargar con una cuota innegable de revanchismo que se mostraba (a no dudarlo) como representativo de un sector de la sociedad.

A fuerza de falsas noticias (el caso de la radiografía de un perro que sirvió como excusa para poner en cuestionamiento unas 100.000 ayudas en el área de discapacidad resulta reveladora), provocaciones y mala educación disfrazada de convicciones, supo ganarse un lugar relevante en el entramado libertario que devenía en novedad. Resultó tan fulgurante su ascenso que accedió al cargo más importante de una gestión presidencial, ganó una elección en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que todos sabíamos que resultaría testimonial y se proyectaba como el candidato violeta para la jefatura de gobierno. Toda una referencia a vivir rápido ¿y morir joven?

Por cercanía ideológica, en el mundo violeta gustan de compararse con el menemismo, autodefiniéndose, desde ya, como más efectivos y eficientes. En las formas de los Adorni y los Spagnuolo de la vida hay un punto de encuentro, pero también una diferencia de grado: en los 90’ el menemato de salón gustaba ostentar esa nueva vida de rico, pero no existía el regocijo por el maltrato a todos aquellos que pensaban distinto o que, lamentablemente, la vida no les había dado las mismas oportunidades. 

Como un símbolo de época, y en esto el ex jefe de gabinete es el mejor de los exponentes, mientras ponen en crisis a no pocos sectores sociales, desde la soberbia que supondría cierta autoridad moral que portan en el orillo, delinquen, compran una vida de nuevos ricos y maltratan a todos aquellos que no adhieren a su estilo de vida, reivindicando un individualismo disgregador, disfrazado de un falso self-made man de cotillón.

Mal que nos pese, el caso Adorni no se agota en las correrías de un único funcionario. Guste o no, buena parte del sistema social miró para otro lado cuando ciertas verdades comenzaron a salir a la luz. 

El Gobierno apostó por la auto incineración cuando, de la mano de Javier y Karina Milei, decidieron sostener al funcionario, arrastrando así a no pocos dirigentes que se imaginan con cierta proyección política.

El entramado mediático que tributa en el oficialismo inicialmente lo abordó como un tema menor, comprando las explicaciones del ex periodista que, en otros tiempos, habría servido de base para editoriales indignantes y convocatorias a cacerolazos de ocasión. Con la aparición apabullante de nuevos datos no les quedó otra que terminar exigiendo una renuncia que llega, para sus intereses, tarde y mal. Para ello, desde el mismísimo día lunes, el relato mediático libertario pondrá proa en pasar rápido de pantalla y en comentarnos las bondades del nuevo jefe de gabinete Diego Santilli, un digno representante de la casta que el oficialismo supo conseguir.

Para el mundo empresarial pareciera que aquí no ha pasado nada. De los otrora comunicados emitidos desde las asociaciones gremiales que exigían reglas claras y manos limpias para desarrollar inversiones, llegamos a una realidad donde fingir demencia paga mejor que retomar ciertos compromisos ciudadanos. Es que la oportunidad de dar vueltas al país como una media no aparece todos los días y en eso, la burguesía argenta se imagina frente a una oportunidad histórica, a riesgo de que la llegada de personajes como Peter Thiel comiencen a mostrar que a la fiesta grande ellos no están invitados.

Los gobernadores opositores en colchón de finas hierbas (algunos peronistas incluidos), entre sus necesidades y sus propias miserias, jugaron la ficha de mirar para otro lado: mientras hacían declaraciones rimbombantes, mandaban a los legisladores sobre los que tienen influencia política a vaciar las sesiones donde se pedía por la interpelación del ahora caído en desgracia.

En lo anterior nos encontramos ante dos miedos. El primero refiere a lo que representa la personalidad del presidente, su carácter irascible y la posibilidad concreta de profundizar su comportamiento autócrata ahogando aún más a las ya exiguas arcas provinciales. Nadie desea conflictos sociales de proporciones en su comarca.

El segundo miedo refiere a quedar pegados al peronismo, quien en el ámbito legislativo se ha mostrado firme ante el caso Adorni, y con el riesgo para la oposición amigable de profundizar un debilitamiento libertario que a estas horas resulta evidente, confirmando una vez más, que la política argentina de estos días se constituye en el clivaje peronismo / anti peronismo. Aquí también hay un punto de encuentro con el mundo empresarial: pese a la atomización reinante, no son pocos los que eligen tragar determinados sapos en nombre de cierta etapa histórica que los favorece.

La Justicia también aportó lo suyo en este ensayo general para ciertas farsas actuales. El filtrado por goteo de todo aquello que iba surgiendo en la causa demuestra que, además del nulo poder real con el que contaba Adorni, y apareciendo en el medio un sugestivo viaje compartido a Francia entre el juez de la causa Ariel Lijo y el ministro de Justicia de la Nación Juan Bautista Mahiques, servía como centro a la olla (perdón por las referencias futboleras) para que el sospechado fuera preparando una declaración jurada que, además de extemporánea, resultó increíble. Debería haber allí mucho por explicar, ya que, si hubo secreto de sumario, el mismo pareció brillar por su ausencia.

El Gobierno imaginó todas las formas posibles de sacar el episodio de la atención pública. Se pensó al mundial como una especie de aliado que, honestamente, no funcionó, y en las últimas horas se privilegió la cercanía de un partido de la Scaloneta para dar a conocer el final de la vida política de Adorni. Para colmo de males libertarios, el partido en cuestión llegó con cero dramatismos a partir de la clasificación previa de la Argentina y con el anexo de una carta de renuncia dirigida al presidente que está mal escrita, dejando en claro, además, que el ex vocero no entendió el proceso en el que estuvo implicado: intentar cerrar un episodio público con nuevas preguntas y afirmaciones que refieren a una relación de a dos, no parece el mejor de los métodos para silenciar los escándalos.

¿Y ahora qué? Hace algo más de tres meses titulábamos “Fin”. Allí afirmábamos que “no nos referimos a que el actual jefe de gabinete tenga los días contados en el gobierno que integra (no resulta plausible para el corto plazo), sino que esas formas que le dieron una evidente notoriedad y la cual se sintetizaba en su maltrato a periodistas y otros protagonistas del sistema político en su rol de vocero presidencial, parecen haber entrado en crisis”. Teniendo en cuenta que el horno no está para bollos, en la semana el Gobierno pareció desandar algo del camino que intentará recorrer con la asunción de Adrián Ravier como nuevo vocero presidencial, poniendo el foco en la actividad económica que, supuestamente, conoce, aunque debe decirse que en su primera presentación no le fue tan bien como se esperaba. 

Además de negar los hechos, Milei esperará la oportunidad para cobrar algunas facturas por esta derrota de haber defendido a su funcionario hasta lo indecible, con la esperanza de que no se cumpla su temor inicial de que los cuestionamientos comiencen a recaer sobre su propia hermana.

Se fue Adorni. Y deja el ejemplo de lo que no debe hacerse en comunicación y en práctica política de crisis. Pero, además, también muestra un sistema político que no parece ir más allá de ciertas declaraciones. Por lo menos en este 2026. 2027 será otra historia.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

Inicia sesión para enviar comentarios