Domingo, 26 Febrero 2012 22:52

Avísenle a Kenia que es Dueño del Mundo

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Elefante_en_KeniaLas argumentaciones vertidas por intelectuales y periodistas en los últimos días respecto a la posición del gobierno argentino respecto de las Islas Malvinas ha provocado la crítica de vastos sectores de la sociedad. ¿Cuál es la seriedad de los mismos? ¿Tienen base de sustentación real?

 

Las argumentaciones vertidas por intelectuales y periodistas en los últimos días respecto a la posición del gobierno argentino respecto de las Islas Malvinas ha provocado la crítica de vastos sectores de la sociedad. ¿Cuál es la seriedad de los mismos? ¿Tienen base de sustentación real?

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Elefante_en_KeniaLo confieso: soy peleador. Me gusta discutir. Crecí discutiendo y me formé en un ambiente donde muchas veces se hacía de la discusión un culto. A veces me parece que la sangre me corre más rápido cuando un buen debate se presenta y desde mi lugar tengo chances de participar en él. Pero todo tiene un límite.

No me gusta la chicana de baja estofa. Tampoco me gusta que me tomen por estúpido. Porque desde hace un par de semanas, parece ser que a muchos denominados "intelectuales" les hace muy bien tomarnos a una gran mayoría de los argentinos por estúpidos.

La discusión en torno a la disputa por la soberanía de las Islas Malvinas entre nuestro país y el Reino Unido ha tomado ribetes que jamás me imaginé que iba a presenciar: pensadores y periodistas con algún renombre defendiendo los argumentos de la Corona Británica y acusando al gobierno argentino de agitar la bandera del nacionalismo para tapar sus trapos sucios, es demasiado.

Uno de los que tiró la primera piedra fue Martín Caparrós, otrora baluarte de la reivindicación de las causas sociales y ácido crítico del neoliberalismo. Hoy, parado en otro lugar, Caparrós hace militancia de la crítica acérrima al gobierno de Cristina Fernández desde su columna del diario español El País. Me parece muy bien que lo haga. De eso se trata expresar libremente las ideas.

El problema es que Caparrós –como Lanata, Sarlo y tantos otros ex "progres"– detesta tanto a este gobierno que parece haberle "robado" sus banderas que termina por caer en la chicana rastrera, en vez de construir una crítica sólida y fundamentada. Porque temas sobre los cuales reflexionar críticamente existen. Y varios.

Pero vayamos al punto. En una de sus última columnas titulada "Malvinas, Famatina y Otras Yerbas Nacionales", Caparrós arranca afirmando que a partir de la suspensión de la instalación de la mina a cielo abierto en La Famatina se está ante un hecho nuevo porque "hacía tiempo que en la Argentina no pasaba nada en contra de la voluntad del gobierno".

Vamos a llamar a esto Chicana de Baja Estofa Nº 1: parece que todo lo que pasa en el país depende pura y exclusivamente de lo que hace o deja de hacer el gobierno nacional. No existen los gobiernos provinciales. Tampoco el federalismo y las autonomías provinciales. Salvo cuando se habla de la coparticipación y de la voracidad del Estado Nacional, por supuesto.

Pero desde allí y realizando un sorprendente salto cuántico, Caparrós vincula esta "derrota" del gobierno con el agitamiento de la causa Malvinas para tapar la chanchada. Y es entonces donde empieza la catarata de chicanas y falsedades. Dice Caparrós: "Los argumentos, que en estos días han vuelto a la carga, para sostener la argentinidad de las Malvinas suelen ser curiosos. El más serio es geográfico: las islas están sentadas sobre la plataforma continental argentina –aunque, si se fijan, es probable que Inglaterra esté, del mismo modo, en la plataforma continental francesa".

Luego de emitir un profundo suspiro, tengo la tentación de recomendarle a Caparrós algún manual básico de derecho internacional o de derecho del mar para que se informe de los mecanismos empleados para el trazado de los límites entre las naciones que él cita respecto del su litoral marítimo, el cual es bastante similar al que usamos argentinos y uruguayos para trazar los límites en el Río de la Plata si cabe el ejemplo. Dicho sea de paso, Argentina y Uruguay también comparten la misma plataforma continental y la última vez que me fijé ninguno de los dos tenía algún reclamo de soberanía respecto del otro.

Pero no contento con eso, Caparrós nos regala la Chicana de Baja Estofa Nº 2: "El [argumento] histórico es más complicado: [las islas] fueron españolas –porque el papa Alejandro Borgia se las dio a los Reyes Católicos en una bula de 1494, junto con medio mundo más– pero ningún gobierno argentino las controló nunca, ni pobladores argentinos las habitaron casi [...] En 1833 la ocuparon marinos ingleses, y desde entonces se quedaron. Hay, ahora, allí, pobladores cuyos mayores llegaron mucho antes que la gran mayoría de los ancestros de nosotros argentinos desembarcara en estas costas. Pero los malvinistas dicen que esos señores y señoras no tienen derecho a decidir sus vidas porque no son "pueblos originarios". No parece importarles el detalle de que nosotros tampoco, que nosotros también llegamos y ocupamos, y que esa plataforma continental que integra las islas a la Argentina es parte de un territorio cuyos "pueblos originarios" –de algún sitio– fueron diezmados y desposeídos por los ejércitos de ocupación argentinos mucho después de que los ingleses poblaran las islas."

Curiosamente, es el mismo argumento utilizado por los "intelectuales" reunidos esta semana para firmar el "documento" (de una carilla) denominado "Malvinas: Una Visión Alternativa". Allí se sostiene que "La República Argentina ha sido fundada sobre el principio de autodeterminación de los pueblos y para todos los hombres del mundo. Como país cuyos antecedentes incluyen la conquista española, nuestra propia construcción como nación es tan imposible de desligar de episodios de ocupación colonial como la de Malvinas. La Historia, por otra parte, no es reversible, y el intento de devolver las fronteras nacionales a una situación existente hace casi dos siglos –es decir: anterior a nuestra unidad nacional y cuando la Patagonia no estaba aún bajo dominio argentino– abre una caja de Pandora que no conduce a la paz".

Algunas observaciones me vienen inmediatamente a la mente. La primera es que parece ser que esta "intelectualidad" jamás escuchó hablar de dos conceptos importantes: uno es el de la no validez de la política de hechos consumados. Es decir, que el derecho es algo derivado de la imposición de un poderoso, de la aceptación de una situación a la que se considera inamovible; el segundo es un principio del derecho internacional que sostiene que la victoria militar no otorga derechos. Deberían prestarle atención antes de formular comentarios de forma tan liviana.

En segundo lugar, igual que antes con la recomendación a Caparrós a que lea algún manual de derecho internacional, les recomendaría a todos los firmantes y al pensador de bigote afrancesado que lean detenidamente el texto de la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos, firmada en el marco de la ONU en la ciudad de Argel en 1976. En ella encontrarán enumeradas las situaciones mediante las cuales las Naciones Unidas reconocen el derecho a la autodeterminación. Pero sólo por deporte vamos a mencionar un par de ellas:

"Todos los pueblos del mundo tienen el mismo derecho a la libertad, el derecho de liberarse de toda traba extranjera, y de darse el gobierno que elijan; el derecho, si están sojuzgados, de luchar por su liberación, y el derecho de contar en su lucha con el apoyo de otros pueblos. Persuadidos de que el respeto efectivo de los derechos del hombre implica el respeto de los derechos de los pueblos, hemos adoptado la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos. Que todos los que, a través del mundo, libran la gran lucha, a menudo con las armas en la mano, por la libertad de todos los pueblos, encuentren en la presente declaración la seguridad de que su lucha es legítima". (Preámbulo)

"Todo pueblo tiene el derecho de liberarse de toda dominación colonial o extranjera directa o indirecta y de todos los regímenes racistas". (Sección II: Derecho a la Autodeterminación Política, art 6)

¿Alguno de los lectores de estas líneas me podría explicar en qué parte de las enumeradas los pobladores de las Malvinas pueden reivindicar la autodeterminación? ¿Bajo qué condiciones se los puede considerar un "pueblo"? ¿Acaso están sometidos a alguna clase de sojuzgamiento?

Para finalizar y no aburrir demasiado permítanme reducir el argumento de Caparrós y compañía al absurdo. Hace un par de noches tenía problemas para conciliar el sueño. Cansado de dar vueltas opté por ver televisión y me detuve en un documental del Discovery Channel que relataba los orígenes del hombre y de cómo éste inició su migración desde África Oriental, Kenia más precisamente, para desde allí expandirse por todo el mundo.

Si el hecho de que la Argentina es una nación construida a partir de la ocupación y que este hecho nos inhibe de oponernos a la autodeterminación de los isleños, entonces quizás deberemos tomar conciencia de que la Argentina sostiene (según el razonamiento de estos "intelectuales") que no hay nación sobre la Tierra que tenga derecho a existir. Kenia sería, si llevamos el argumento al absurdo, la primera potencia de la historia humana que ha ocupado territorios fuera de sus fronteras y la única que se arroga para sí los derechos de reclamar la posesión de los territorios que sus habitantes ocuparon con el correr de los siglos.

Esto lo deja a uno pensando. ¿Será que el gobierno pretende que todos seamos keniatas? O pensándolo mejor, probablemente alguien se debería tomar el trabajo de avisarle a Kenia que es dueño del mundo.

 

(*) Licenciado en Relaciones Internacionales. Analista Internacional de la Fundación para la integración Federal

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