“Gracias por tanto, perdón por tan poco”. Podríamos imaginar que así se dirigió Manuel Adorni a sus pares del Gobierno cuando finalizó su presentación ante la Cámara de Diputados el día miércoles 29 de abril. En un hecho inédito, el pleno de la función ejecutiva libertaria se hizo presente como muestra de apoyo hacia el Jefe de Gabinete, luego de la orden dispuesta por los hermanos Milei. En el interín, el presidente no se privó de ofender a diputados de la oposición ni de insultar a corresponsales que osaron pedir por la reapertura de la sala de periodistas en la Casa Rosada.
El hecho muestra la coyuntura del entramado violeta. El resultado del paso de Adorni por el edificio de calle Entre Ríos fue módico. Salvó la ropa, evitó un papelón de la mano de un coacheo preciso que le sirvió para responder las preguntas por la gestión, referenció en que las requisitorias sobre su patrimonio y sus gastos e inversiones de los dos últimos años los responderá ante la Justicia y lejos estuvo del perfil provocador que supo construir en su paso por la gestión pública.
A contramano del deseo de show de algunos comunicadores, podría decirse que la institucionalidad argenta funcionó. Recordemos que la presentación del ex vocero (?) respondió a lo que establece el calendario constitucional y no a un formato de interpelación por las sospechas de corrupción que lo alcanzan. Alguno podrá quejarse de que la teatralidad parlamentaria resultó un bodrio, pero el formato no supone de antemano escenas de divertimento. Para ello está Netflix.
Con todo, no debería dejarse de tener en cuenta lo esgrimido por el diputado Germán Martínez cuando reconoció a la luz pública, que el bloque que conduce trabajará para una moción de censura hacia el funcionario. No se necesitan mayorías especiales, existen enconos antiguos y el Poder Judicial parecería estar haciendo su tarea (ponele). El que avisa no traiciona.
Con el caso, los hermanos Milei se metieron en su propio laberinto que supieron construir y del que no le resultará gratis salir. Si se lo sostiene, la imagen presidencial puede seguir cayendo a la par de que la figura de Adorni se complique en el plano judicial, y si se le pidiera la renuncia, todo lo realizado hasta aquí resultaría en vano. Parafraseando aquel viejo himno popular, parecieran correr a la deriva, con los ojos ciegos bien abiertos.
Al oficialismo libertario se lo nota expuesto y sin gestión. Apostó por la reforma electoral y por la llamada Ley Hojarasca que (supuestamente) vendría a eliminar una serie de normas que traban el desarrollo nacional y vale preguntarse si estos temas “mueven el amperímetro”. A un año del inicio del cronograma electoral no parece haber demasiado interés en la sociedad sobre si hay PASO o no, y en un contexto donde priman las preocupaciones del bolsillo, el rumor de que un grupo de gobernadores se apresta a acordar la coincidencia de las elecciones locales en una misma fecha, al modo norteamericano del “super martes”, suma otra señal de debilidad para un proyecto político como el libertario, que podría verse muy afectado por la potencia de una serie de derrotas en el mismo día y a la misma hora pero en distintas jurisdicciones provinciales.
El otro ariete sobre el que parece apoyarse la gestión refiere a la marcha de la inflación. Culminó abril y no pocos comunicadores que versan sobre economía y que tributan en el mundillo libertario, rápidamente salieron a jugar su rol en la construcción de sentido que indica que en el mes anterior la inflación fue menor a la de marzo. Entre la audacia y la desesperación de estos nobles seres, ya pudimos leer que el aumento de precios habría desacelerado (algunos se le animan al 2,5%), cortando una tendencia al alza de los últimos diez meses y los más entusiastas se animan a preguntarse cuánto faltará para que el 1 aparezca por delante. Una remera que diga “yo te vi militar el 2,5% de inflación mensual”.
Todo lo anterior parece demasiado poco. La actividad en los sectores intensivos en la creación de empleo aparece parada y, sin que alcance demasiado la liquidación de la cosecha gruesa que se avecina, quienes transitan la cercanía de los despachos oficiales dicen que empieza a aparecer la discusión sobre qué hacer en las semanas venideras. Algunos se animan a pensar la reactivación de la mano de una administración que incentive el abaratamiento del crédito, pero allí hay tres observaciones por realizar:
- ¿Javier Milei está dispuesto a alentar una especie de neokeynesianismo libertario? (Perdón por la vulgata Jhon Maynard).
- En una economía donde a muchos “les sobra mes” y donde los índices de morosidad se han multiplicado por tres o por cuatro, al límite de cortar algunas cadenas de pago, ¿alcanza con el abaratamiento del crédito?
- Si todo el mundo empresarial está “aguantando”, reduciendo los niveles de ganancia al mínimo, vale preguntarse cómo se mantendrían los precios pisados en un contexto de expansión, con el riesgo de terminar alentando una inflación aún mayor.
Aquí el libertarismo parece exponerse a otro laberinto del que no sabe cómo salir, más allá de la gestualidad que el especialista en crecimiento con o sin dinero no parece resolver, y más allá también, de la utilidad que suponen los insultos como artilugios de construcción política.
🔁Con este nivel de desgaste, el clima social toma forma:
— Zuban Cordoba (@Zuban_Cordoba) May 3, 2026
El 71,2% cree que hace falta un cambio de gobierno. La idea de cambio ya es mayoritaria en la sociedad. pic.twitter.com/JOadhFsCm2
En la Argentina que supimos construir hay dos sectores que resultan especialistas en olfatear deterioros anticipados y por qué no, cambios de ciclos. Cierta casta judicial y lo más concentrado del poder empresarial se caracterizan por saber mirar a tiempo ciertas “inutilidades”, o, si se quiere ser un poco más respetuoso, debilidades.
Para los primeros digamos que, en un contexto de discusión por el nombramiento de un par de centenares de jueces en el fuero federal, algunas decisiones en las causas que investigan supuestos ilícitos que alcanzan a lo más concentrado del poder presidencial no dejan de llamar la atención. Si son buenas noticias o no, lo dejo en consideración de usted querido lector, estimada lectora.
Para los segundos, y si bien no parece haber aún una actitud común ni mucho menos, no dejó de llamar la atención cómo se “filtró” la reunión entre el ex presidente Mauricio Macri y el empresario, otrora todo poderoso, Paolo Rocca, con la sugerencia del colega italiano (el hombre tiene un título de politólogo y es aficionado a la cocina como este modestísimo analista) de que el hijo de Franco no desactive la vigencia ni la institucionalidad del PRO. Se supo hasta los alimentos que se ingirieron y no dejó de llamar la atención, desde allí en adelante, la cantidad de análisis que surgieron con información de primera mano, donde no pocos hombres de empresa parecen alejarse del encanto mileista. Cosas que pasan, aunque ciertas defecciones por ahora no parecen masivas.
De alguna forma el laberinto libertario se enfrenta a una cruda realidad: la de empezar a notar que ciertas lealtades sólo acompañan hasta la puerta del cementerio y no mucho más, ya que, como el escorpión que aguijonaba a la rana en el medio del río y que se justificaba en que estaba en su naturaleza, no pocos hombres de empresa que vieron en el libertarismo la solución a los problemas de la economía argentina, difundiendo y apoyando sus ideas, al ver que el modelo no cierra en términos sociales, empiezan a correrle el cuerpo al asunto. Esa resulta la paradoja violeta del último tiempo: haber gobernado para un sector que parece haberle soltado la mano. Los laberintos de Milei y allegados parecen complicar el camino.
(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez