Domingo, 31 Mayo 2026 13:57

El parque no hace agua (por ahora) Destacado

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La discusión por el parque acuático en la zona de La Florida sintetiza el momento político institucional que vive la ciudad, con el condimento extra de haber mostrado un adelanto de lo que será el 2027 electoral. Es muy temprano para afirmar si ya comenzó la campaña, pero de lo que ya no quedan dudas es que el tono con el que convivirán las tres fuerzas políticas en el mediano plazo, se parece bastante a lo sucedido en la semana que se va. Repaso por días de ciertas centralidades adelantadas, enojos sobreactuados y algunos silencios llamativamente coincidentes. Pasen y vean. Quedan todos y todas formalmente invitados.

El escenario local repite la coyuntura de tercios que se desarrolla en la provincia de Santa Fe desde hace quince años y que, parece que excepcionalmente, el triunfo de Maximiliano Pullaro, allá por junio, de 2023 había parecido romper. La diferencia sustancial con el caso del ex ministro de Seguridad es que Pablo Javkin salió deteriorado de las elecciones del año pasado, donde su candidata alcanzó de manera modesta el tercer lugar, a manos de la alianza de Ciudad Futura con el peronismo y del segundo puesto que supo conseguir la novedad de Juan Pedro Aleart como representante del libertarismo. 

En ese contexto de debilidad y con el anuncio de “Volvió Rosario” algo desusado, el oficialismo local se apresta a potenciar la gestión desde el modelo de una ciudad que se referencia en los eventos deportivos de nivel internacional y que tiene la rara coincidencia con la gestión nacional que aspira a que más temprano que tarde comience el mundial de fútbol, así los argentinos, supuestamente, ponemos la atención en otra parte y no en el empobrecimiento general de la comunidad en la que vivimos. 

En el caso de la gestión que lleva adelante el ex presidente de la FUR, la intención está puesta en mostrar una ciudad que, una vez superada la crisis de seguridad (ponele, la balacera contra un supermercado chino con el asesinato de un vecino de 81 años en la zona oeste no da para muchas celebraciones), se proyecte a nivel nacional e internacional como una comunidad que, habiéndose construido a sí misma, se recupera y está en condiciones de recibir a decenas de miles de personas que disfrutan del turismo de eventos y de ciertas competencias deportivas con calidad de servicios, hospitalidad y la belleza de esa Rosario que seduce en la zona de entre bulevares y desde Pellegrini hacia el norte de cara al río.

Hasta ahí el posible relato oficial. De alguna manera, el Gobierno local se enfrenta al riesgo de cualquier administración que resulta sede de un evento internacional: el de mostrar una ciudad más vivible para los de afuera que para los de adentro. Por nombrar sólo tres áreas de gestión: el transporte público reproduce un déficit crónico; las calles más allá del macro centro rosarino se encuentran en estado de abandono (con la honrosa excepción de la renovada Rouillón) y la salud, de acuerdo a lo que reconocen sotto voce algunos socialistas, nada tiene que con el modelo que supo iniciar Héctor Cavallero y que potenció Hermes Binner.

Con ese lastre surge el conflicto por el parque acuático. Debilitado, el oficialismo elige cierto encierro como forma y mensaje de una fortaleza política con la que no cuenta. Les habla a los propios, azuza fantasmas inexistentes, niega el diálogo con los vecinos que no quieren la obra en ese lugar y se aferra al institucionalismo que supone que una sesión especial no pueda desarrollarse como forma de éxito político.

Para completar el cuadro, la propia presidenta del Concejo Municipal de Rosario, María Eugenia Schmuck, histórica ladera del actual intendente, al momento de responder ciertos cuestionamientos le sugiere al opositor Juan Monteverde que en todo caso gane una elección y gobierne como quiera. Extraña paradoja política la de la politóloga: de tanto vociferar anti kirchnerismo tomó aquel ejemplo de Cristina Fernández cuando le sugirió a la derecha que formara un partido y que ganara las elecciones. Allí anda la ex presidenta, pagando una condena injusta e ilegal, Lawfare mediante. Extrañamente, a veces, los polos se tocan.

Al oficialismo local tampoco lo ayudó demasiado el gobernador Pullaro ya que supo declarar que el tema del lugar de la instalación del parque acuático es una discusión que debe resolverse puertas adentro de Rosario y que, a él, más allá de que sea su administración la que pone los fondos, no le parece prioritario tener que opinar sobre donde construirlo. Ya se sabe que, en tanto y en cuanto los intereses sean contrapuestos, política y amistad nunca van de la mano.

Junto con esa brillantez (de oropel) que se intentará mostrar en la Rosario de los meses que vienen, el oficialismo local apuesta, además de acusar de K a Monteverde (habrá que insistir con el dato de que el peronismo no gobierna la ciudad desde hace 50 años), a la posibilidad concreta del deterioro de Javier Milei y fundamentalmente, a la capacidad para pegarse tiros en los pies del novel Aleart que, habiendo hecho una gran elección hace un año atrás, para 2027 ya no será ninguna novedad.

Mirados en perspectiva, los devenires del caso del parque acuático ubican al ex periodista en aquella experiencia lúdica del “Gran Bonete” donde el estribillo entusiasma con el “yo señor, no señor”: el referente libertario pasó de plantear sospechas sobre la obra, hacer un requerimiento judicial e impulsar la sesión especial a correrle el cuerpo a la reunión de comisión a través de la ausencia de la edila Anabel Lencina y a convertirse en uno de los diez concejales que tampoco asistieron a la sesión del día jueves. 

Su referencia a no prestarse al circo político (interesante argumento para quien se referencia en el liderazgo del hombre de la motosierra que gusta de auto organizarse recitales de rock) y a que el proyecto ya estaba judicializado esconde dos cuestiones obvias. 

La primera es la que demuestra los inconvenientes de la política argentina (y no hablamos sólo de los partidos) para acordar temas que son de su responsabilidad para terminarlas de resolver en otro poder.

La otra cuestión refiere a que la potencia del rechazo quedó en manos de Monteverde, que supo referenciarse en la queja de los vecinos y de las organizaciones de la sociedad civil ya que, más allá de no haber logrado el quorum necesario y del alivio oficialista expresado en un largo twit del secretario de Gobierno Sebastián Chale, ganó claramente en su rol de opositor. Si contamos el tema financiamiento de la salud, guste o no, o estemos de acuerdo o no, en poco menos de tres meses, sin recursos, y con el bozal impuesto de parte de la corporación mediática local, es la segunda vez que el líder de Ciudad Futura le impone agenda al oficialismo. Ojo al piojo.

Y si hablamos de bozales mediáticos, bien viene hablar, una vez más, de la escandalosa concentración mediática con la que convivimos los rosarinos en particular y los santafesinos en general, la cual deviene en envidia de un tal Héctor Magneto.

Apoyados sobre la circunstancia histórica de que los principales medios estén en manos de un solo nombre y apellido, la competencia entre medios se circunscribe al espacio de los productores radiales y televisivos, de qué tipo de entrevistas puedan lograr en los horarios de mayor encendido y a lo que puedan “molestar” los más chicos en esto de contar ciertas verdades. Para que no queden dudas de ciertas ramificaciones que son regla en el mundo que habitamos, desde hace unos meses el grupo Scaglione, propietario de varios medios de la provincia, aparece como único oferente para la concesión del estadio Arena, allí en el predio de la ex Rural. Ya se sabe, en el mundo libertario que habitamos, con un único trabajo no alcanza.

El parque acuático, por ahora, no hace agua. La discusión en el ágora demostró las debilidades y fortalezas de unos y otros, con los negocios de ocasión incluidos y aunque el oficialismo parece haber “zafado” de una derrota política de proporciones, su encierro y negativa a la discusión institucional y a establecer espacios de encuentro con los vecinos, lo deja en un lugar incómodo y aunque para las elecciones falten mucho, nadie puede estar tan convencido que los tiempos políticos sean coincidentes con los del calendario.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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