Viernes, 29 Mayo 2026 17:34

El plan de asfixia extrema que Donald Trump proyecta sobre Cuba Destacado

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El plan de asfixia extrema que Donald Trump proyecta sobre Cuba Política Obrera

En medio de un colapso energético sin precedentes con apagones de hasta 22 horas diarias y el aislamiento diplomático de la región, Washington endurece su estrategia de cambio de régimen reactivando una causa penal contra Raúl Castro.

Cuba vuelve a colocarse de manera crítica en el centro del tablero geopolítico ante una renovada estrategia de "presión máxima" por parte de la administración de Donald Trump. Tras haber concentrado sus esfuerzos iniciales en Oriente Medio, Washington parece reorientar su agenda hacia el Caribe, impulsando una retórica agresiva orientada a un cambio de régimen.

En diálogo con Todas Las Voces por AM 1330, Emilio Ordoñez remarcó que, el catalizador de esta escalada es una fuerte acusación formal del Departamento de Estado contra el expresidente Raúl Castro, a quien señalan por su presunta conspiración en el histórico derribo de dos avionetas de la organización del exilio "Hermanos al Rescate" en 1996, cuando ejercía como ministro de Defensa.

En términos materiales, la isla atraviesa una de las crisis más severas de su historia contemporánea, profundizada por un severo bloqueo petrolero impuesto por EE. UU. desde principios de este año. Esta restricción energética paralizó por completo la actividad productiva, provocando apagones diarios que promedian entre las 18 y 22 horas. El desabastecimiento se tornó crítico luego de que el suministro regular de crudo se interrumpiera drásticamente tras la captura del mandatario venezolano Nicolás Maduro, principal sostén económico de La Habana, dejando a la población dependiente casi en su totalidad de cargamentos humanitarios de emergencia enviados de forma aislada por México o Rusia.

El especialista subraya que, el escenario actual es tan dramático, que el propio gobierno cubano comenzó a trazar paralelismos con el denominado "Período Especial": aquella durísima etapa de privaciones extremas que siguió a la disolución de la Unión Soviética en 1991. Sin embargo, la estrategia de Washington de forzar una desestabilización interna desde las bases sociales parece no estar arrojando los resultados esperados a la velocidad exigida. A diferencia de las masivas protestas que sacudieron al país en 2021, la sociedad civil no se ha volcado a las calles de forma masiva. Ante esto, el gobierno de Miguel Díaz-Canel optó por reactivar la doctrina del "pueblo en armas" y entrenar a civiles ante el temor de una eventual intervención militar.

En el plano diplomático, el aislamiento de Cuba en la región es evidente, reflejando un marcado cambio de época en América Latina, donde los gobiernos optan por el silencio para resguardar sus propios intereses comerciales con el gigante del norte. Es el caso de Brasil, cuyo mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, intentó desactivar los rumores de conflicto bélico tras una reunión con Trump en el Salón Oval, citando que el estadounidense le aseguró que no tiene planes de invadir la isla. Ordoñez destaca que, con este movimiento, Brasil busca posicionarse como un mediador oficioso y evitar que la crisis caribeña entorpezca sus propias y sensibles negociaciones bilaterales con la Casa Blanca.

De este modo, Cuba se encuentra en un complejo compás de espera, con escasos aliados internacionales decididos a romper activamente el cerco y una economía al borde del colapso estructural. Mientras las delegaciones de Washington y La Habana mantienen discretas y lentas conversaciones de fondo, el destino inmediato de la isla parece depender del delicado balance entre la capacidad de resistencia material de su población y el nivel de asfixia que la administración Trump decida imprimirle a sus decisiones políticas y militares.

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