Domingo, 29 Marzo 2026 11:25

Reconvertidos Destacado

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Reconvertidos Gemini

“- ¿Cómo vamos a vender el taller?
- Es fácil. Se pone un aviso en el diario y se vende.
- ¿Pero por qué? A ver, ¿por qué?
- No conviene seguir fabricando botiquines. 
-  Y fabriquemos otra cosa…
- No conviene fabricar nada.”

Diálogo del film “Plata Dulce”. 1982.

En los últimos cincuenta años, ante cada intento neoliberal que se trató de imponer con mayor o menor éxito en la Argentina, con su retahíla de importaciones baratas y las consecuentes quejas de los sectores productivos dependientes del mercado interno, la argumentación de nuestros conservadores locales siempre derivaba en un mismo destino final: había que reconvertirse. El concepto no se agotaba en las empresas, sino que, con el paso del tiempo y la emergencia de esta postmodernidad individualizante que habitamos, también nos interpelaba (y nos interpela) a cada uno de nosotros. Por lo tanto, adaptarse a los cambios redundaba (y redunda) en una virtud propia de estas cinco décadas. 

La idea no se agota en lo económico ni en lo personal, ya que también puede aplicarse a lo político. En esta semana que se va, en la que se permitió comprobar, una vez más, la enorme vigencia del movimiento de los derechos humanos en la Argentina; se sucedieron distintas situaciones que mostraron la reconversión discursiva de tres protagonistas de peso de la escena nacional y local: un jefe de gabinete que no puede justificar públicamente su estilo de vida, un gobernador que descubrió los límites del modelo económico en la provincia que gobierna y un presidente libertario que reivindica la importancia de una empresa estatal. Postales que no hubiéramos creído allá por diciembre de 2023. Pasen y vean. Quedan todos y todas formalmente invitados. 

La caída que no cesa

Manuel Adorni supo ganar visibilidad política a partir de un estilo provocador y soberbio que tributa en línea con el estilo libertario. En su rol de vocero, subido a la lógica del que goza de las mieles del poder, gustó de mostrar un perfil que, lejos de limitarse a la vocería presidencial, creció de tal manera que lo terminó vinculando a la máxima confianza de la hermandad presidencial. De allí a la jefatura de gabinete hubo un solo paso. 

Como ciudadano común, solía tener cuestionamientos muy profusos sobre las situaciones donde aparecían hipotéticos hechos de corrupción sobre funcionarios y dirigentes de diferentes fuerzas. Comprendía muy bien lo difuso de lo público y lo privado en la vida del ciudadano o ciudadana que desean participar en determinados espacios de poder.

En un intento por ganar centralidad política para gestionar una agenda que el libertarismo parece haber perdido, el día jueves convocó a una conferencia de prensa de la que no salió bien parado. Coacheado por Santiago Caputo, emuló la defensa del caído en desgracia José Luis Espert y confundió firmeza con soberbia, privacidad con secretismo y convicciones con enojo.  

Con una imputación judicial que estaría a la vuelta de la esquina, al jefe de gabinete le surgen propiedades según el día de la semana. Modesto competidor del bien escondido Cristian Ritondo (a mí no me miren), no sólo no supo explicar su viaje a Uruguay con familiares y amigos en Carnaval, sino que el conteo de sus propiedades y su correspondiente justificación, sólo podría quedar supeditado al anexo reservado de la declaración jurada que se presenta ante la Oficina Anticorrupción y que protegen los bienes de esposas e hijos.

Sus respuestas en la mencionada conferencia de prensa no parecieron de lo más destacable. La afirmación de que un periodista no es juez, y que por lo tanto nada debe responderle a él, marca la reconversión de Adorni en un protagonista de los que tanto gustaba denunciar vía redes en su rol de ciudadano raso. Una frase tal como “no soy juez, pero soy ciudadano y te exijo que informes en qué gastaste la nuestra” de parte del periodista interpelado, hubiera alcanzado para dejarlo aún peor parado al funcionario viajero, pero no debe dejar de tenerse en cuenta que, con la primera línea de ministros en la sala, algunos contextos y entornos no resultan nada sencillos para la repregunta.

Con el correr de los días, y viendo cómo el caso Adorni comienza a afectar la imagen presidencial, vale preguntarse si lo del jefe de gabinete no representa la acción del nueve que se lleva la marca para que el volante pise el área (los futboleros sabrán entender), ya que el caso $Libra sigue mostrando un involucramiento tal del “binomio” presidencial, que los querellantes, pese a la siesta del fiscal Eduardo Taiano, ya se han animado al pedido de citación para declarar como imputados a Javier y Karina Milei. Pregunta para la almohada, querido lector, estimada lectora: ¿mantención en el cargo del funcionario fiel como una circunstancia de lealtad y de una mal entendida fortaleza política o cálculo medido para que las críticas corran por la tangente? Tarea para el fin de semana.

Estos son mis principios, si no le gustan…

La fraseología popular (algunos se la adjudican al bueno de Groucho Marx) supo expresar acabadamente el oportunismo de opinar de acuerdo a las circunstancias y a nuestras necesidades de ocasión. En la semana que se va, Maximiliano Pullaro parece rendirle un sentido homenaje al asunto, y nos cuenta a todos los que tratamos de tener el oído atento de por dónde va la cosa pública, de que el modelo libertario está afectando a la producción. 

Suelto de cuerpo y con el ministro de Desarrollo Productivo Gustavo Puccini a su derecha (¿futuro candidato a intendente de Rosario?) afirmó: “cada puesto de trabajo que se pierde es una familia a la deriva”. Bien por el gobernador que parece descubrir, algo tarde por cierto, que los modelos de acumulación de apertura indiscriminada de importaciones afectan el trabajo de los santafesinos. 

Para los tiempos de la aprobación de la Ley Bases, Pullaro afirmaba que “la flamante norma permitirá al Gobierno nacional tener un impulso y recibir inversiones del exterior”. Semanas después, con la firma en Julio del Pacto de Mayo en la ciudad de San Miguel de Tucumán, el primer mandatario provincial decía que “tenía expectativas de que pueda ser el comienzo de una nueva Argentina”. 

En un intento de mostrarse como un referente gubernamental de la producción, siempre pareció prevalecer la defensa de los sectores de la actividad primaria (cuestionamientos a la vigencia de las retenciones, falta de obras de infraestructura en zonas de puertos, etc.) como cuestión excluyente. Por poner un ejemplo: los problemas en Acindar, allí en Villa Constitución, datan de diciembre de 2024 y ningún funcionario provincial, desde aquellos días, pareció haberse dado por enterado.

Como era esperable, el desempleo en la provincia ha crecido al igual que el deterioro de la imagen del presidente de la Nación. Segunda pregunta como tarea: ¿la reconversión pullarista llegó para quedarse o resulta un arrebato de ocasión, de cara a demandas cada vez más acuciantes? Apostemos por la indulgencia ya que nunca es tarde cuando la dicha es buena. 

Aguante la gestión estatal

El día viernes los argentinos recibimos una gran noticia. La cámara neoyorkina, al darle la razón al Estado nacional en el juicio sobre YPF, no sólo generó una sensación de alivio por un juicio de U$s 18.000 millones que ya no prosperaría, sino que puso en su verdadera dimensión la importancia de contar como propia una empresa que siempre ha sido uno de los mayores orgullos para el conjunto de ciudadanos y ciudadanas de nuestro país y que, vale recordarlo, allá por el año 2012, en el momento de su pase de la mayoría de las acciones al Estado argentino, no sólo no hacía inversiones de riesgo sino que el deterioro era tal que en los surtidores no se conseguía nafta super.

Como no podía ser de otra manera y a partir del paso del tiempo, la noticia derivó en múltiples interpretaciones reivindicativas, con cadena nacional presidencial incluida y ante lo cual debemos señalar tres conclusiones concretas:

  1. La declaración de utilidad pública le da la razón al dúo Cristina Kirchner – Axel Kicillof y al conjunto de 264 legisladores (201 diputados y 63 senadores) que convirtieron el proyecto en ley.

  2. La defensa del caso a lo largo de los años, más allá de las distintas administraciones, se pareció y mucho, a una política de Estado pese a las necesidades divergentes.

  3. Sin esa decisión estratégica, hoy no habría Vaca Muerta, ni gasoducto Néstor Kirchner, que permiten la realidad de un país autoabastecido en materia energética y con un flujo de dólares que redunda en el sostén de la gestión libertaria.

El oficialismo libertario recibe la noticia como un bálsamo en días que no las ha tenido a todas consigo. Pero existe un problema: el rol jugado en el pasado en las declaraciones del propio Javier Milei, quien como candidato proponía la resolución del juicio, el ordenamiento de la empresa para su posterior privatización y que ha acusado de las peores aberraciones al peronismo por esa decisión que hoy, paradójicamente, lo beneficia con un flujo de dólares constantes.

El libertarismo necesita pasar pantalla a partir de los casos de corrupción que lo salpican. De allí viene el relato construido sobre YPF y su intento de apropiación del flamante éxito. Pero en el camino no se priva de una flamante contradicción ya que mientras desecha en términos ideológicos la intervención del Estado en la gestión empresarial, se beneficia con la decisión de sus enemigos a los que denosta. Tercera pregunta de rigor: ¿el Milei que celebra en la tarde de un viernes de marzo, es un Milei reconvertido?

La pregunta se responde por sí sola y aplica para los tres casos analizados: Adorni y su comportamiento de casta, Pullaro y su visión industrialista y el presidente que potenciará el uso del mameluco de la empresa nacional insignia, refieren a una especie de oportunismo. Cambiar no es malo en sí mismo. Pobre de aquel que no lo haga con el paso del tiempo. El detalle viene de la mano de aquello que dicen que dijo un tal Napoleón Bonaparte: “Nada va bien en un sistema político en donde las palabras contradicen a los hechos…”

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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